Para los que nos sabemos solos, grupo no necesariamente coincidente con los que se sienten solos o los que efectivamente lo están, existen a mi entender dos temores fundamentales; a saber: que surja inesperada y repentina compañía, o que te hieran por la espalda.
En el primer caso, se teme porque lo inesperado y repentino, siempre es molesto. Compañía a destiempo te obliga a cambiar muebles de sitio o, peor aún, a adquirirlos nuevos. Y eso, para cualquier cabeza en su sitio (máxime si la cabeza ya está bien amueblada y ha decidido saberse en soledad), es mortificante asedio.