Lo que estoy a punto de gritarte es una canción que lleva tu nombre mas nunca tendré el valor de cantarte. No insistas, no soy de las que dedican serenatas en la radio local, o de las que claman atención en los karaokes mientras mancillan los mejores temas de los ochenta; ni siquiera me sale bisbisear versos sueltos al oído de quienes me acompañan a casa. Así que en mi imaginación –no la realidad, repito, no vas a convencerme– tomo aire y comienzo a entonar. Espero que pares de bailar para escucharme.
Estrofa I
Llámame farsante porque lo supe desde el principio pero lo he negado hasta el final. Te vi, te conocí y comprendí, casi simultáneamente, la naturaleza de nuestro vínculo. Casual, como la ciencia y nosotros mismos defendemos, pero al mismo tiempo salpicada de destino, de pequeñas señas sobrenaturales que aparecen por el camino para llamar nuestra atención. ¿Sabes que últimamente es hora de doble dígito cada vez que consulto el reloj? Probable tontería, pero me divierte hacer asociaciones.
Estrofa II
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