Amaneció con lluvia y un sol débil medio oculto entre las nubes, el verano de este año había sido más un otoño, un preludio para el invierno que un tiempo feliz y soleado. Me dolía la cabeza, una concentración de ideas me aprisionaba sin dejarme pensar con claridad.
Me levanté de la cama con dificultad, apenas tenía fuerza en las piernas y un fuerte temblor recorría mi cuerpo.
Me dirigí al baño, mis ojeras habituales semejaban más intensas y mis ojos, hace meses llenos de vida, no eran más que dos órganos que me permitían ver (como me esfumaba sin poder evitarlo). Ya en la cocina abrí la nevera para coger el tetrabrik de leche y poder ingerir algo sólido con la esperanza de que me brindase un poco de energía.
Se resbaló de mis manos, cayó produciendo un terrible estruendo, un estruendo que hizo despertar al resto de la casa y que permitió que estos me encontrasen inconsciente al lado de un charco blanco.
3 de Agosto, una amiga puntual que nunca se retrasa acaba había llegado.
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