ella

28 Jan

Sangre

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Etiquetas diálogo, el, ella, escribir, inspiración, mayeutica, numen, obsesión, obsesiones, perros, sangre, Relato Corto
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Sopla el viento en la ladera del parque y desobediente les revuelve el pelo. Ella se lo recoloca como puede y le da una calada al cigarro para después sacudir la ceniza y mirar de manera minuciosa cómo declina el sol.
–¿Qué te pasa? –Pregunta Él de repente casi sacándola de su trance.
–Que estoy jodida. Eso me pasa.
–Eso ya lo veo, pero esperaba algún tipo de detalle.
Ella esboza una sonrisa torcida y le mira de reojo. Le da otra calada, considerablemente más profunda esta vez y le pasa algo menos de la mitad del cigarro al chico.
Suspira y ladea la cabeza:
–¿Sabes? Yo pensaba que si querías sangre, simplemente matabas a unos cuantos perros y listo. Que en eso consistía y que con eso bastaba. Pero al parecer no es así.
–¡¿Qué?! –Exclama atragantándose con el humo del tabaco.
–Sí, ya sabes...
–No, no sé. ¿Sangre? ¿Matar perros? No entiendo ni una palabra de lo que me estás diciendo.

17 Jan

Él, el conformista.

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Etiquetas amor, Discusiones, el, ella, Relato Corto

Se despertó en mitad de la noche para escuchar su respiración en el oscuro silencio. Notaba su latir a sus espaldas, su respiración al otro lado de la cama. Aún así, y aunque ansiaba observar sus finos rasgos de figura de porcelana, retuvo el deseo. Permaneció espalda con espalda, sin alterar un ápice aquel instante perfecto en el que le bastaba con notar su sola presencia, su presencia cercana, incondicional, imprescindible.

Sujetaba la almohada con firmeza, con la firmeza que sujetaba su rostro al besarla o su cuerpo al abrazarla. Cerraba los ojos imaginando rodearla con sus brazos. Lo imaginaba sin hacerlo, teniéndolo al alcance de un único movimiento. Imaginaba acariciarla, y en realidad sólo necesitaba que ella estuviera ahí.

Y ella, ¿qué hace ella? Ella ni siquiera ha cerrado los ojos desde que decidieron dormirse. Todavía no se ha dormido porque a ella no le basta con su mera presencia. Ella siempre quiso más, siempre quiere más. Un beso al despertar, sonrisas espontáneas, incluso dormir abrazados. Era eso lo que ella necesitaba. Siempre más que él.

10 Jan

Aquella noche no había velas sino farolas

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Etiquetas abrazo, amor, beso, cabeza, chica, chico, el, ella, farolas, frases, frío, labios, mejilla, noche, nocturno, ojos, palabras, sonrisa, velas, Relato Corto
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Ella dijo: “Esta noche no hay prisa”. Y el candado, que ya había sido abierto, cayó al suelo y se desmembró en mil pedazos.
Las palabras y las frases se alargaban no queriendo perderse en la oscuridad. Se enredaban y comprimían para esparcirse después; líquidas, espumosas, derramadas en la hierba sobre sonrisas sugerentes e indecisas.
Entonces Ella preguntó y Él contestó; las risas tornaron en algo muy distinto, algo profundo que la conmovió, algo que removió todas los muros que una vez hubo levantado.
El mundo giró ciento ochenta grados. O quizá fue el interior de su pecho el que se volcó hacia un lado, y entonces, con un gesto le invitó a compartir un lecho duro y helado.

Él se acercó: “¿Tienes frío?” preguntó. Ella negó con la cabeza y le abrazó. Tuvo que hacerlo, necesitaba hacerlo. Se apoyó en Él y dejó que los segundos les acariciaran y resbalaran por sus mejillas calientes, por unos párpados que poco a poco cerraron sin darse cuenta, por unos labios que distraídos se acercaban más y más los unos a los otros...

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