Cloè entra en el baño y cierra la puerta tras de sí. Coloca el ordenador portátil que precariamente sostenía con una mano sobre la tapa bajada del retrete y tira al suelo el resto de cosas que llevaba con la otra, a saber: una camiseta desteñida, unas bragas negras y un secador de pelo.
Abre el portátil y el reproductor de música. Navega entre sus listas de reproducción habituales y elige una tranquila selección de temas de John Frusciante, Donavon y Xavier Rudd. No. No hace eso...
Elige una de sus listas preferidas, consistente en temas de Refused, Bane y The Effort. Hardcore del bueno, el tipo de hardcore que te hace vibrar desde dentro y liberarlo todo, sea lo que sea ese todo.
La música empieza a sonar a todo volumen.
Cloè se enfrenta con el espejo y entrecierra los ojos. Saca un cigarrillo de entre el pelo y la oreja derecha como por arte de magia y lo enciende lentamente sin dejar de desafiar a su reflejo. Acaba con él en cuatro rápidas caladas, se desnuda ágilmente y entra en la ducha sin mirar atrás...
No, qué va. No es así como pasa...
Algo más que ese humo denso característico de una primera calada desciende hasta sus pulmones para estancarse allí, y sosteniéndose la mirada a sí misma, comienza a contonearse de manera agresiva, al son de Rather Be Dead.
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