Mujeres de una noche
Al capitán sin embargo le gustaba buscar mujeres fuera del puerto.
En tabernas oscuras donde el único ruido era el posar de los vasos, siempre encontraba alguna: bebiendo, fumando y hablando sola. Esas eran sus preferidas, alcohol y vicio a partes iguales.
Deseaban tanto que un forastero se fijara en ellas, que ninguna dejo de sonreír mientras sacaba la pluma y garabateaba sobre su piel. Todas reían con ese cosquilleo...Reían como cuando se acerco y les hablo al oído, palabras, por supuesto banales, ensayadas para conquistar a cualquier mujer.
Incluso cuando les rajaba el cuello y despellejaba el espacio donde había relatado
su encuentro, incluso entonces, la mueca desencajada de sus rostros era una sonrisa.
Mujeres de una noche que recordaría siempre.
ROTA POR LA MITAD
Pablo se recostó sobre el madero, mientras veía como la barca se acercaba rítmicamente.
Su madre le había hecho bajar al puerto, para ayudar a Miguel con la pesca.
Aunque el sabía que su hermano sólo había salido al mar para escribir, se había llevado su cuaderno de piel y eso significaba que en el mar únicamente esperaba encontrar inspiración y no la cena.
Miguel buscó deseoso los ojos de Pablo y alzo la mano en forma de señal.
Parecía que había tenido buena pesca, pues cargaba con un gran bulto.
Ya frente a él, Pablo tuvo que reprimir el impulso de abalanzarse sobre aquella mujer. Su piel blanquecina casi transparente, la jugosa boca, su aroma dulzón, el largo cabello que cubría el torso desnudo…, todo le forzaba a amarla.








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