Centinelas del bosque
Estaban escondidos en los árboles, en el suelo, en el río... Integrados en ellos. Permanecían inmóviles pero provocaban la sensación de estar vivos. Incluso te girabas repentinamente para cazar el más mínimo movimiento, pero no. Eran madera, hojas, agua y tierra.
Mi abuelo me contaba que por las noches se desprendían de los árboles, resurgían del agua y se desenterraban de la tierra, y recorrían el bosque en busca de humanos que pretendiesen perturbar su paz para recubrirlos en una gran piña y unirlos a la naturaleza, sin dejar rastro de ellos. Que eran los centinelas del bosque.
Pero yo sabía que aquellas historias no podían ser verdad, porque los bosques seguían desapareciendo. No tenían guardianes de verdad.
Sin embargo, me gustaba caminar e imaginarme aquellos seres mágicos, incluso me creía que estuviesen vivos a veces, esa sensación existía en mí. Pero me preguntaba por qué diablos no recobraban vida de verdad para proteger la naturaleza que los humanos nos llevábamos por delante...
Siempre quedó en mí esa desconfianza entre la verdad y la fantasía, la que me hacía mirar de reojo entre los rincones del bosque esperando encontrar algo sobrenatural, o no encontrar nada...
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No seré otro cementerio... de amores muertos.
En mi casa y en mi pecho
Siempre ha habido sitio.
Siempre están abiertos.
Pero quiero empezar de cero.
No pienso ser un cementerio
De amores muertos.
Ni repararme las lesiones
Con dolores nuevos.
Se cae la noche al suelo,
Y en mi sombra veo
Mi lamento eterno.
Quiero aislar mi miedo
En un nicho hermético,
Para que se muera de pánico
Y no quiera salir de nuevo.
Que pase de largo el viento
Y no me enfríe más el cuerpo.
No quiero ser piedra y hielo.














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