Un contenedor vacío.
Eso soy. La forma de contener
todo lo demás. Solo eso.
Y tú me pegas un trago
como si fuese el peor whisky del mundo.
No te trago -dices. Y aún así
me tragas.
No eres la de antes, la de ahora
no es nadie -escupes al suelo. Porque nadie te importa
y sabes a alcohol de las heridas.
Asquerosa.
Se te enreda la nostalgia en los tobillos
mientras te vas
y la noche que se agacha para olerme
tiene pánico y huye de mí.
Ya es por la mañana.
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