Bitácora de Mr. X

09 Jul

Sweet lips

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Etiquetas Relato Corto

Los veranos en Londres no eran veranos. A menudo llovía, y aunque no lo hiciese, nunca hacía calor. Recuerdo que las nubes teñían de oscuro el Parlamento y por las noches el Clock Tower quería rozar a la luna.
Por las mañanas cogía el metro hasta el centro, me gustaba ver a la gente, cada rostro, cada historia, miles de vidas ante mis ojos. Y aunque no conocía sus historias guardaba sus rostros en mi vieja cámara para luego jugar a inventar las dichas. Fotografié más caras en mi primera semana que espacio tenía en mi apartamento para guardarlas, y aún así, nunca olvidaría una.
Recuerdo que esa mañana mi despertador no había sonado haciéndome perder el metro y llegar tarde a trabajar. Para variar hacía frío y no había ni rastro del sol en el oscuro cielo londinense. Me calentaba las manos mientras esperaba al bus en la parada más cercana al apartamento, a mi alrededor unos niños jugaban a pillarse. Cuando el bus llegó pagué mi billete y caminé hasta el fondo a pesar de los sitios libres de adelante. Y allí estaba, nunca olvidé un rostro, pero menos el de ella. Parecía un ángel. Me senté a su lado y me dedicó una tímida sonrisa.
-¿Podría...? -dije sacando mi cámara.
-Oh, perdona, pero... ¿Nos conocemos? -preguntó sobresaltada.
-Yo a ti sí, tú a mí no.

05 Jul

Carousel

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Etiquetas Relato Corto

Llovía, llovía tanto que las calles estaban anegadas de agua y no se veía el sol. Habíamos salido corriendo del puerto para que la lluvia no nos pillase pero no habíamos sido lo suficiente rápidos. Mis vaqueros estaban empapados, y su vestido, lleno de agua, dejaba entrever las formas de su cuerpo a causa de esta. -Deja de mirarme con esa cara -me dijo-. Deja de hacer que parezca comestible. Yo reía, siempre reía con ella. Y es que no importaba lo lejos que estuviésemos, ni siquiera importaba la lluvia en pleno agosto, sólo era ella. Ella lo era todo. Ya había anochecido cuando llegamos al coche, rápidamente nos metimos y me dispuse a arrancar cuando de pronto la radio se encendió y me pidió que parase. -¿Qué ocurre? -le pregunté. -Me encanta esta canción -dijo mientras abría la puerta y salía del coche. -¿Qué pretendes? -Quiero bailar -dijo, sólo quería bailar. Subí el volumen de la radio y cogí mi cámara para grabarla. Se movía con tal gracilidad que parecía que no tocar el suelo, bailaba para ella, bailaba para mí, bailaba para la cámara. No parecía importarle la lluvia, ni que las curiosas vecinas mirasen desde sus ventanas, sólo existía la música. Y en esos momentos era cuando la amaba un poco más si cabía, teníais que haberla visto.

03 Jul

The moon, the see

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Etiquetas verano2012, Relato Corto

Antes de que pudiese tirar una cuarta piedrecilla abrías la ventana y te asomabas, siempre igual, siempre con esa sonrisa que tanto me gustaba. Esa noche te hiciste de rogar, tuve que trepar y llegar hacia ti para que bajases, pero te rendiste fácilmente. Saliste por la puerta con un camisón blanco, y completamente descalza viniste hacia mí. Me besaste en la mejilla y me cogiste de la mano. Querías llevarme a un lugar, a un rincón que yo no conocía para sorprenderme. Caminamos en silencio bordeando la costa mientras la brisa jugaba a enredarse en tu cabello. Me pediste que cerrase los ojos, querías que fuese una sorpresa. Tirabas de mí en la oscuridad, y aunque no veía nada podía notar el intenso olor a salitre. Me soltaste y abrí los ojos, estábamos en una pequeña cala tapada por la vegetación de la isla. Te reías mientras caminabas en dirección al agua, y de pronto me miraste y te giraste, segundos más tarde tu camisón descansaba sobre la arena y tú te bañabas en las oscuras aguas. Me llamabas, me pedías que te acompañase, y yo, no sin haberlo pensado me deshice de mi ropa y me tiré al agua. Estaba caliente y muy cristalina a pesar de no haber más luz que la de la luna, pero no había vergüenza ni pudor, sólo éramos nosotros. Entre intentos de aguadillas me abrazabas y te agarrabas a mí, pero ya no éramos unos críos. Recuerdo que te estaba haciendo cosquillas y que cuando paré estábamos tan juntos que podíamos sentir nuestras respiraciones. Entonces me di cuenta de que tus ojos brillaban más de lo que creía, iba a hablar, pero tus dedos me callaron.

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