Recuerdo que el curso de ingreso de mi primera carrera consistió en reuniones de una hora por día durante aproximadamente una semana. Todos los alumnos que estaban por ingresar eran reunidos en un teatro, de esos con butacas con olor a viejo y una buena acústica. Allí se nos explicaba sobre pautas generales del instituto básicamente. Y, aunque resultó bastante aburrido, pude conocer mucha gente de mi carrera y de otras.
En mi memoria ha quedado guardado un chico en particular. Lo conocí en una de las tantas actividades que los profesores nos proponían. No recuerdo su nombre. Tampoco sé si es que nunca me lo dijo o mi mente lo borró de la carpeta de archivos. Sin embargo, no tardé en apodarlo “el chico del camión”. Su historia me conmovió realmente y creo que es por eso, que no he podido dejar de recordarle.
“Desde chico me imaginé arriba de un camión, recorriendo lugares y mirando los paisajes” dijo frente a todo el grupo de estudiantes ante la iniciativa de la directora a que nos cuente su historia. Se había anotado en el instituto sólo para no perder el año sin hacer nada. “Pero si alguien viene a ofrecerme un camión, ni lo dudo. Dejo todo y me voy”, concluyó, sin vacilar.
Comentarios recientes
hace 2 días 9 horas
hace 2 días 10 horas
hace 2 días 12 horas
hace 1 semana 2 días
hace 1 semana 3 días