Sonríe (a veces), pero nunca deja que nadie vea más allá. Escucha y asiente, mientras sus pensamientos se pasean por otras realidades, quizás por alguna en la que es ella la escuchada. A veces siente que no pertenece a este mundo, y cuando se encuentra en medio de la gente y del ruido siempre la inunda la soledad. Escribe poemas que no riman y cartas sin remitente, mientras se plantea la posibilidad de la locura. A sus veinte años nunca ha sido capaz de sentirse joven, y el tiempo juega en su contra. Escucha el silencio en busca de respuestas que no llegan. Colecciona motivos, pero no hay tan solo uno del que no dude. Se encuentra y se pierde varias veces en un mismo día, y cuando llega la noche siempre se le olvida dormir. La multitud la mira pero no la ve, la juzga sin conocerla. Y, mientras tanto, ella solo quiere ser anónima.
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