“Acoge a la tierra en tu cuerpo débil y cansado.
Permite que su sangre rica y deliciosa penetre células y huesos.
Que el dolor acumulado por llantos y recuerdos fluyan como ríos y torrentes.
Nada permanece. Por eso al contemplar el sol, contempla también las nubes que en cierto momentos le acompañan.
Las mismas nubes que cubren su luz son las que al marchar permiten que la luz irradie con más fuerza y brillo.
El silencio es el gran compañero.
Aquel que entiende de sonidos y de ecos, y que permite que el vacío se manifieste.
Al sentir tu silencio; sientes tu ritmo.
Una melodía profunda que nace de tu ser y que te acompaña en cada paso del camino.
Todos hemos nacido con una.
Cada melodía es única y especial, y sumamente necesaria para que el universo toque su canción completa”
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