Vi tu mirada perdida, yo te hablaba, de mis idas y venidas, de lo gris que a veces era mi vida. Sé dónde te encontrabas en aquél momento, en qué rincón de tus recuerdos estabas llorando dentro de ti. Vi tu mirada perdida, y preferí que siguieras adentrándote en tus penas sin una voz de fondo. No tuve prisas, esperé hasta que tu mirada coincidiera con la mía, y fue cuando sonreíste triste y te abracé. Los recuerdos te dañaban día sí y día también, y tu mirada era aquella parte chivata que me lo gritaba, para que cuando volvieras a la realidad supiera qué debía hacer.
Eras magia gastada, pero tranquila, no fue culpa tuya.
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