Bitácora de BrendaAllen

02 Aug

Imagine

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Etiquetas la tragi-comédie humaine, relato, Relato Corto
BrendaAllen http://www.amateurshotel.es/

Abrió los ojos. Su retina de un verde que atraviesa el alma, que impregna de esperanza, de una naturaleza no habitual, reflejó la luz de un nuevo día. El nacimiento rutinario del sol. La ciudad bañándose en sus rayos, mientras los sueños volaban lejos y empezaba a latir el corazón urbano. Otra vez. Ya habían pasado muchos, muchos años, desde que la sangre empezara a bombear en su interior. Décadas atrás, por sus venas había empezado un vals solemne y silencioso. Calentaba todas las esquinas de su cuerpo. Daba vida. Ahora, la melodía de la canción había disminuido. Sus pasos eran más lentos, pero el sentimiento más profundo.
Junto a la enarbolada aurora que se filtraba por las persianas, otra melodía tocaba al ritmo de sus palpitaciones. “I want to hold your hand”. En un antiguo tocadiscos un vinilo de los Beatles daba mil y una vueltas. Ellos sí entendieron el significado de la vida. Es tan simple como cogernos de la mano. Nada de sexo, de grandes bienes o de un matrimonio eterno. Simplemente querían coger de la mano a la persona que más querían, sentir su tacto, observar las yemas de sus dedos, notar la sangre corriendo por ellas. Y disfrutar del momento. Cada exitosa historia de amor tiene esos momentos insoportablemente apasionantes de cogerse de la mano. No hace falta más. Simplemente sintonizar siempre el mismo canal. FM 101,3 El caos de tu vida.

01 Aug

Sveika

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Etiquetas relato, Relato Corto
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Buscaba la leche entre bostezos. Su vista estaba diluida en legañas que no le dejaban ver con nitidez y abría la boca de una forma tan descarada, que un par de señoras que pasaron a su lado le miraron indignadísimas con la nariz directa al cielo. Arrastraba los pies de forma divertida mientras patinaba con las zapatillas de estar por casa, a cuadros grises y marrones. Estaba atravesando los pasillos de un supermarket de Los Ángeles a las siete de la tarde en pijama y con bata de dormir, con el cinturón caído y de un color rojo solemne, que otorgaba algo de sobriedad a aquella estampa cómica, a la par que desconcertante. Las alarmas antiincendios estaban desconectadas, como siempre sucedía cuando entraba él. Las primeras veces que entraba con el cigarrillo en la boca, el estridente pitido de la alarma asustaba a los demás clientes y causaba estragos entre las niñas adolescentes que gritaban como histéricas fans en un concierto de Madonna. Así que después de implorarle que no fumase dentro, después de varios avisos, y después de ver como los ignoraba todos y cada uno de ellos con una sonrisa burlona, casi con un toque angelical, cuando entraba por la puerta y justo cuando saludaba con su típico y despreocupado “¿Cómo vamos, Dolly?”, Dolly desactivaba el apagafuegos hasta que volviese a salir. Este ambiguo personaje tenía un nombre, sí, pero todos lo conocían como “Orejas”.

01 Aug

Supongo que eso será lo que llaman fraternidad

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Etiquetas la tragi-comédie humaine, relato, verano2012, Relato Corto
BrendaAllen http://www.amateurshotel.es/

—¿Recuerdas aquella tarde? El cielo parecía una pintura al oleo y el graznido de los pájaros era nuestra banda sonora. Ese día me apetecía tocar la guitarra. Tenía muchísimas ganas, pero me habías dicho que el coche ya era suficientemente pequeño para nosotras dos. El coco que nos había preparado mamá estaba riquísimo, aunque lo llenamos de tierra sin querer. Nos quedamos en la playa hasta que se apagó el sol y las estrellas salieron a empujones. Hacía meses que la contaminación lumínica no nos permitía observarlas en condiciones. No teníamos otra cosa que hacer que sonreír.  Ese fue uno de los motivos por los cuales aquella tarde fue especial. Sé que estás cansada de mis tonterías nostálgicas, pero aquel verano fue uno de los mejores que viví. Me encantaba pasear juntas por la orilla del mar, por el filo de aquella playa que se había quedado vacía después de un día de calor. Siempre te quedabas dormida y cuando te despertabas corrías hacia el mar con los brazos abiertos, como si fueras a abrazarlo, mientras por tu voz escalaban gritos de júbilo y de furia. Esa furia que te llenaba desde la punta de los dedos hasta la punta de tu larga melena era lo que más me gustaba de ti. Y no me malinterpretes, esa furia aún está ahí, sé que lo está. Pero la tienes escondida.

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