Abrió los ojos. Su retina de un verde que atraviesa el alma, que impregna de esperanza, de una naturaleza no habitual, reflejó la luz de un nuevo día. El nacimiento rutinario del sol. La ciudad bañándose en sus rayos, mientras los sueños volaban lejos y empezaba a latir el corazón urbano. Otra vez. Ya habían pasado muchos, muchos años, desde que la sangre empezara a bombear en su interior. Décadas atrás, por sus venas había empezado un vals solemne y silencioso. Calentaba todas las esquinas de su cuerpo. Daba vida. Ahora, la melodía de la canción había disminuido. Sus pasos eran más lentos, pero el sentimiento más profundo.
Junto a la enarbolada aurora que se filtraba por las persianas, otra melodía tocaba al ritmo de sus palpitaciones. “I want to hold your hand”. En un antiguo tocadiscos un vinilo de los Beatles daba mil y una vueltas. Ellos sí entendieron el significado de la vida. Es tan simple como cogernos de la mano. Nada de sexo, de grandes bienes o de un matrimonio eterno. Simplemente querían coger de la mano a la persona que más querían, sentir su tacto, observar las yemas de sus dedos, notar la sangre corriendo por ellas. Y disfrutar del momento. Cada exitosa historia de amor tiene esos momentos insoportablemente apasionantes de cogerse de la mano. No hace falta más. Simplemente sintonizar siempre el mismo canal. FM 101,3 El caos de tu vida.
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