Adrián encendió la pantalla del ordenador pero hasta que no hubo terminado de colocar sus apuntes sobre la mesa, no se dispuso a trabajar con él. Sin embargo, quedó sorprendido al comprobar que la pantalla de navegación estaba abierta y en la misma una pequeña ventana de conversación parpadeaba. Podría haber optado por cerrarla sin más, pero pocas veces se tenía la oportunidad de observar la vida de alguien tan directamente. Su mesa se encontraba al principio, de las que miran hacia la puerta. Y justo antes de abrirla comprobó que no hubiera alguien observando su osadía. Click. Y la pantalla se le mostró. Sólo había una frase, sólo una: ¿serías capaz sólo de leerme? Una pregunta sencilla, eso creyó él. Por eso, no dudó ni un instante en contestar, ¡por supuesto! La respuesta demoró un minuto, un breve espacio de tiempo, que a él se le antojó inmenso. Del otro lado, le quiso dar un aviso, "una vez que empiece, tendrás que reprimir tus ganas de querer expresarte, ¿lo has entendido bien?". A lo que él contestó sin darle la mayor importancia, pues pensó que no se trataría más que los delirios de amor de alguna joven: "Creo que podré hacerlo".
Comentarios recientes
hace 6 días 16 horas
hace 6 días 16 horas
hace 6 días 19 horas
hace 2 semanas 24 mins
hace 2 semanas 11 horas