A sus órdenes
Cuando ella llega a casa, recoge una nota escueta del buzón que dice así:
A las 20.00 horas en mi casa.
Ponte el conjunto negro y rosa con liguero, únicamente, y tacones.
P.
Ya maquillada y peinada, se apresura en buscar un abrigo que tape hasta la altura del liguero sin dejar intuir que debajo solamente se esconde un minúsculo tanga negro, sujetado a las medias por el liguero y un bonito sujetador que le realza el pecho. Para no sentirse completamente desnuda decora su escote con un corazón rosa. Los zapatos de aguja le dan otra perspectiva, la de la osadía, el atrevimiento, la excitación de saberse desnuda paseando por la calle. Cuando se introduce en el coche, el abrigo se le entreabre dejando visible el muslo derecho cubierto por una media negra que hace esbozar una sonrisa en un transeúnte, excitándola sin conocerlo.
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Sus recuerdos
Acostumbraba a echarse la siesta encima del sofá. Sus mini-shorts negros y su camiseta de tirantes eran su pijama de tarde. El toldo a medio cerrar. Las ventanas están desnudas porque le gusta ver el mundo desde cualquier punto, pero sobre todo, le gusta que el mundo le vea a ella. Su cuerpo derretido por las altas temperaturas, se agitaba por la inquietud de sus pensamientos. Acostumbraba a soñar despierta con los hombres que había deseado o que deseaba en su vida. Aquellas ideas eran suficientes para subir la temperatura de sus poros. El rugido de las cilindradas se aproximaba a sus recuerdos. Aquel 1,80m que conoció en una vieja cantina de Zamora volvía a su memoria. Sus caricias repartidas por debajo de su camiseta. Sus besos carnosos que la derretían entre su oreja y su clavícula. Sus palabras se transmitían a través de calladas miradas.
Ella, a horcajadas, encima de las musculadas piernas. Su falda se confunde, por encima de sus piernas, con el culote. Besos lentos, eternos, como si aquellos fueran únicos; el único punto de conexión, después ambos volverían a sus vidas, a sus ciudades.
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Carta de despedida a un desconocido
Buscando palabras que no consigo encontrar para ti, cuando tantas veces te he inundado con ellas. Pensamientos caóticos, sentimientos incoherentes, deseos irrefrenables. Y ahora lo único que consigo encontrar son lágrimas derramadas manchando estas letras. Un adiós de almohada es lo que hemos tenido, cuando ni siquiera llegamos a tener un hola de mirada traviesa. Un adiós de las siete de la mañana silencioso, oculto, misterioso, como fue y será siempre tu presencia, como te gustó que fuera. Hubo tantas despedidas, pero duele saber que ésta es la definitiva, que ya no habrá miradas atrás, ni conversaciones nocturnas.
Dos vidas tan opuestas que el capricho de la vida quiso unir para volver a desunir sin oportunidad ni opción. Un esperar nada y la nada es lo que hemos obtenido.
Recuérdalo siempre: ""soy lo que quieres que sea al igual que tú eres lo que yo imaginaré que eres".
Lo que dueles, joder.
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