Relato de cómo una vez pasó el tiempo en una terraza de verano
Alejada y escondida, barajaba las cartas, cruzaba las piernas cada vez que sonaban las y cuarto, y miraba disconforme el reloj siempre que daban las y media. Pero nunca se levantaba. El pelo tapándole el rostro, un flequillo irregular y poco favorecedor enmarcaba su cara, pálida y ojerosa, pero de rasgos agradables si no estuviese en un estado de semidesnutrición. De pulso inseguro, cuando no barajaba sus cartas, ni miraba para el tiempo, se quitaba bolitas inventadas de su jersey de lana, azul turquesa. Hortera, excesivamente caluroso para este tiempo, parecía haber dormido desde la movida hasta hoy, con esos pantalones entre pitillos y rectos que dejaban ver unos calcetines desgastados y de un color blanco lejía. Y esos zapatos negros de comunión, con los cordones deshilachados y las punteras arañadas por el polvo y la gravilla.
¿Va a tomar algo más, Señorita?-Preguntó el camarero, inquieto, con ansias, intentando que abandonara rápidamente su lugar, escondido y alejado de la multitud. Su mirada terminaba la frase: porque si no es así, quizás va siendo hora de que abandone este rincón.
Por contestación, el silencio.
Siguió columpiando su pie, barajando las cartas, quitando bolitas inventadas de su jersey de lana, azul turquesa.
A las y veinte se fue.
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Comentarios
Casi me dan ganas de retozar
Casi me dan ganas de retozar junto a ella
jajajajajajajaj
jajajajajajajaj
El título me ha enamorado.
El título me ha enamorado. Has hecho de lo intrascendente algo realmente poético. Enhorabuena!
:)
:)