Un gran Sol y arena en el pelo

03 May
Etiquetas Relato Corto

Espalda contra espalda. Comienza la cuenta atrás. Mientras camino alguien cuenta mis forzados pasos. Puede que algún imbécil se atreva a llamarlos valientes cuando hable de mi muerte. Sólo son pasos estúpidos que me conducen al orgulloso suicidio que pretendo perpetrar. 

Miro la pistola que se me ha adjudicado. Está trucada de igual manera que estaban las de los que se enfrentaron, antes que yo, a la leyenda de la persona que me va a matar. Sólo queda eso, la alargada sombra de un medio hombre. No soy el mejor pero tampoco soy el peor y él ya no es mejor que nadie (aunque a todos les hayan contado lo contrario). Puede que sea mejor así. Es mejor no decepcionar a la gente que contempla este suicidio. Él seguirá siendo la leyenda que fue y yo seré un célebre muerto ejecutado a manos de una leyenda. Una leyenda con manos temblorosas y barriga pero una leyenda al fin y al cabo. 

Las personas que se dejan matar por leyendas no son peores que las que se dejan destruir a base de errores. La gente que presencia mi muerte presenta sus respetos. Agachan la cabeza mientras se quitan el sombrero. Veo a personas destruidas por errores que sólo sentirán alivio al presenciar errores mayores a los suyos. Lo pienso y sonrío de manera siniestra. No me gustaría estar en vuestros pellejos.

TODO ha terminado. Me giro y disparó. Tras el humo veo como la torpe leyenda rota tan lento como lo haría un planeta que depende de mil leyes físicas elevadas al cuadrado enfrentándose entre ellas. En otras palabras la eternidad. 

Dicen que cuando vas a morir ves pasar tu vida ante ti. Yo cierro los ojos y en esa eternidad pido mis dos últimos deseos; Una oportunidad para rehacerlo TODO y una señal que me lo indique. 

Un ruido anuncia que mis ruegos han sido atendidos. Todo volvió a la era en la que nada fue creado, o destruido. Años de civilización pasaron como estrellas fugaces por delante de mis ojos hasta el momento en que nací. Todo se ralentizó y se hizo tan agradable, y doloroso, como lo fue entonces. Como lo es ahora. De esta forma, pasado y presente se conjuraron para no cambiar nada a cambio de concederme el privilegio de no tener futuro. Mucho más seguro y valiente reviví la cuenta atrás que, ahora, lo cambiaría de nuevo TODO.  Tan seguro estaba que en lugar de empuñar aquella pistola trucada me llevé la mano a la boca y le disparé un beso mortal, mortal pero un beso al fin y al cabo.

Lo último que recuerdo es un gran Sol y arena en el pelo.

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