Barcelona
La chica de Barcelona me manda saludos desde su ciudad. Hace justo dos semanas que estuve allí pero parece que han pasado dos años. La conocí en el Parque Güell pues ella era cantante de un grupo callejero, en el mejor sentido de la palabra, que tocaba allí. No sabría definir el estilo de música pero sí que sabría tararearte una de sus canciones. El grupo estaba formado por un cello (hombre), una trompeta (hombre), un instrumento raro (mujer) que se componía de pequeños tubos metálicos unidos que hacían un carraspeo al pasar sobre ellos el dedo, en el que había incrustado un dedal, y una guitarra que la chica (mujer) que me enviaba el mail tocaba.
El momento en el que la conocí fue hipnótico. Estaba en pleno Parque Güell sentado sobre una roca desde la que podía ver, y escuchar, al grupo, a unas pequeñas casas de diseñadas por Gaudí y el mar de fondo. Aquello era tan mágico que me hice la promesa de no volver jamás allí para no correr el riesgo de quedar decepcionado. La decepción podría aniquilar ese recuerdo. Estuve escuchándolos como cosa de una hora. Mis amigos se marchaban y corríamos teníamos el tiempo justo para coger el avión de vuelta a la realidad, o a Madrid. Les compré un disco antes de abandonar lo idílico. Al hacerlo sentí mucha vergüenza porque los cuatro componentes del grupo me hicieron reverencias y el resto del público respondió con risas. Al marcharme la solista me enseñó una hoja de firmas con las que querían hacer presión al ayuntamiento de aquella ciudad para que no cobraran entrada al parque. Yo hubiera firmado el cierre y derrumbe del mismo para, egoístamente, eliminar la posibilidad de que mis recuerdos quedaran alterados. Tras un torpe flirt firmé y ella me dió el suyo, lo apuntó sobre el disco que acababa de comprar. La chica que llevaba el instrumento raro no perdió detalle de la escena, como el resto del público, e hizo un extraño grito, muy americano, al que acompañó con el alegre paso del dedal sobre los cilindros. Hubo más risas y aquello empezaba a parecerse a una Sit-com. Le iba a decir que si le había dado también el correo a todos los firmantes de la hoja pero decidí no decir nada más que Adios. El público parecía decepcionado. No hubo aplausos.
Abrí el mail con mucha curiosidad. En el asunto ponía (ninguno) por lo que no descartaba que simplemente fuera spam. Este era el cuerpo del correo:
Saludos desde Barcelona.
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