Un Cuento sobre Magritte
lo peor de magritte era soportarla cuando no la tenias enfrente, soportar su recuerdo, soportar el echo de que ninguna calle estaba a salvo del recuerdo. esos dias eran confusos, dormíamos juntos todas las noches, juntos en el mismo colchon con motivos silvestres, pero habiamos pactado no hacer el amor ninguna de esas noches, ya no me atraía, la miraba y ya no sentia el impulso imparable de deborarla, pero en ocasiones me lo planteaba para mi, que habria ocurrido si por un instante hubieramos cedido al instinto, me preguntaba si ya no sentia realmente el deseo de morderla, que si ese energia enfermiza ya no existía tal vez regresara de nuevo con el simple gesto de besarla, sus besos eran fascinantes, magritte besaba reamente bien, siempre todo tan lleno de carne y boca vacia, buscaría su lengua mientras ellas fregaba inocentemente los platos? en esos dias solo pensaba, en el fondo sabia que ya no habria besos, ni pijamas amarillos, que ya se habrian acabado el secar los cacharros con su falda, entonces se acabarian tambien sus rodillas al aire, se acabarian los pellizcos en los codos, las peleas por el lado frio de la almohada, la primera ducha, solo quedaria el panico a las calles sin magritte, lo terrible de su recuerdo asomado a los balcones, como fumando mi propia cobardia de no haber hecho nada cuando podria haberlo intentado aqui, en este mismo colchon con flores silvestres donde ahora amalia deja caer la ceniza de su ultimo pitillo, y es como si yo mismo me consumiera, amalia es insoportable. magritte hubiera conquistado el mundo en treinta y siete horas justas, ni un segundo mas seria necesario para la revolucion de aliento de magritte en la ciudad, farola a farola habria pregonado su amor publico, magritte estaba loca de amor, loca por amar, amalia sin embargo solo quiere dos azucarillos en el café de sobremesa, es tan idiota. recuerdo un dia en el que preparaba pasta, tallarines con espinacas, si tenias algo de suerte podia tocarte un pedazo de pollo en medio de esa salsa. no teniamos mucho dinero. magritte regresaba a las tres y cuarto del periódico, reía, solo reía cuando me descubría jugando a hacer de la arena del patio del recreo platos oportunos, guisos de olor inconfundible, adoraba ese gesto, nos besabamos en la mejilla con un par de besos para no hacernos daño, luego hablábamos sobre lo que habia pintado, por la mañana pintaba, mas tarde bajaba al supermercado, compraba, salmón, lechuga, y un puñado de cerezas bien rojas, bien sanas, magritte amaba a las cerezas tanto como se amaba a si misma.
despues de los tallarines, las cerezas y un par de orujos blancos nos tumbabamos en el sofá, ella fumaba fijando la vista en el angulo iluminado del salon, hacia un inmenso sol, se encerraba entre esos tres planos cartesianos mientras yo leia la prensa. luego nos mirábamos y nos preguntabamos si esta tarde sucedería algo. amalia es estupida pero adoro como nos mansturbamos, el echo simple de darnos placer, de favorecer a quien tenemos al lado, sin ninguna pretension, ella no me quiere, yo no la quiero, pero nos tocamos y sentimos que estamos aqui, sobre el colchon, que tenemos tanto liquido el uno de el otro sobre nuestros cuerpos que somo imparables, follamos como auténticas bestias. luego nos limpiamos a nosotros mismos, la miro limpiarse de mi y la odio, cuando se pasa el y trapo húmedo entre las piernas, cuando acaricia su sexo con ese pedazo asqueroso de algodón le susurro son cierta rabia "tratame bien xoubiña". yo al menos me escondo el el cuarto de baño para hacer esas cosas.cuando haciamos el amor, magritte y yo dormíamos desnudos toda la noche. alguna madrugada dejamos olvidadas nuestras manos en el cuerpo del otro mientras soñabamos, al menos yo lo soñaba y ella decía haberlo soñado, que estábamos eternamente uno dentro del otro, en un lugar donde ya no harian falta lenguas y dedos para sentirse dentro del otro. supongo que soy tambien un imbécil, me doy cuenta porque estoy en el lavabo limpiandome pedazos de amalia de la comisura de los labios y no dejo de pensar en magritte, no puedo parar de pensar en magritte.
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