nos hacemos pasar por Xabier

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Sáb, 27/02/2010 - 00:17 — no-somos-cortazar

habiamos criado auténtico pánico al color amarillo, odiábamos el color amarillo en todas sus tonalidades, solo con verlo a lo lejos comenzábamos a temblar, rozaba lo patético. suponia entrar en trance, un rito en el que tratábamos de evitar el amarillo, un sorteo de casualidades que nos empujaban al color amarillo, pánico. recuerdo que no podiamos ni pisarlo, solo con tenerlo delante, todo caia en peligro. caminábamos ayudando al universo, apartando el amarillo de las situaciones, nos cogíamos de las manos ayudándonos a nosotros mismos. no queriamos verlo, no queriamos cruzarnos ni con un solo buzón de correos, si por una calle aparecia una de esas burbujas amarillas cambiábamos rapidamente de ruta, no bastaba con apartar la mirada, eramos un par de conejos asustados, tan tontos, caminar por la calle agarrados de la mano sorteando las pintadas amarillas se convertía en algo muy torpe, éramos muy torpes cuando saltbamos con los pies juntos las marcas que prohibían el estacionamiento, en las paradas de los autobuses, cuando evitábamos aplastar unos de esos panfletos que de color amarillo anunciaban las últimas novedades en el almacén de oporunidades. no queria nada amarillo en mi vida, creo que el miedo lo crie por su culpa, ella es la responsable de que haya odiado tanto el color del sol, ana me habia preguntado que porque habian pintado el sol de amarillo, entiende, era una gran responsabilidad, porque de ahi, todo era tan relativo entonces, venian tambien el resto de los colores, por adicion o sustracion, que poco importaba, era muy inconsciente, llegue a sugerirle que todo era mentira, que el sol era blanco, que luego llegaron las palabras y los adjetivos. pero ya no.

luego, una vez superado el amor primitivo, una vez olvidado, ese miedo lamentable fue desapareciendo. las habitaciones de color crema me parecian incluso bien diseñadas, amplias, con giros de ventanas buscando la luz de mediodia, el sincope de saludar el nuevo dia desde la corredera que antes se habia convertido en un ritual lento, ya se precititaba sin remedio hacia la alegria de anduriñas de primera hora. con la tarde poco a poco fueron llegando las risas, en medio del pánico, en medio de aquel antes resultaria imposible reir, saludar, hablar, incluso hablar suponia un sobresfuerzo, un algoritmo que lo complicaba todo. incluso de nuevo tengo apetito, ayer comi conejo, hoy arroz con pollo, puede que me cene un par de ruedas de pescado aliñadas con vinagre de limón, que atrevido, seguramente de castañeta.

y puede que todo ese terror que sentia por el amarillo limon se lo deba a magritte, por lo que ella dibujaba de mi en mi mismo, lo que significaba yo dentro de ella pensandolo yo sentado a su lado. claro, luego llego la duda, como no, y si la pregunta tuviera que tener algun color para reconocerla en un catálogo de sentimientos ese seria el amarillo, y eso me fue destrozando poco a poco.

si ya lastimaba tanto la duda estúpida de intentar entender un aqui, al lado de magritte, el abandono, la ausencia de magritte en el piso me destruia. pero eso es porque simpre he sido un gilipollas. ella hablaba de austestima, y ya no la echo en falta, ahora puedo asegurar que autoestima ninguna, supongo que nunca gano. pero deberiamos ganar algo? no lo se. creo que he superado el miedo, ese miedo estúpido hacia todo y en parte superé el pánico, porque ya era terrorifico no poder salir a la calle sin magritte o sin nadie que me cogiera de la mano, distanciandome de ese todo infinito que construye la vida, desde los besos hasta las palmadas en la espalda.

y de nuevo aqui, en julio de dosmil ocho, sin saber que hacer en este presente en el que me tengo que defender ahora.

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