Barcelona V

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Sáb, 27/02/2010 - 00:18 — no-somos-cortazar

Las boyas del puerto se agitan y un mamut gigante gruñe en el parque de la ciudadela porque quisiera ser jilguero, dejar de ser hormigón para ser plástico caliente y flexible

Todo es ilusión, tal vez. Tal vez haya que guardarse los besos en los parques, el compartir paraguas, el quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos, guardarlo para más tarde; y substituirlos por si no me quieres me mato, el regateo, la instantánea directa de un encuadre seguro ¡claro! ¿Por qué el malestar? ¿Por qué la crítica? ¿Por qué el lunático?

No lo entiendo. Quisiera entenderlo y no lo entiendo. Ahora sólo queda un cigarrillo y todavía no lo entiendo. Continúo creyendo que se puede caminar de otras maneras, pasar por los mismos cruces con otra expectativa, fijarse que la calle está cubierta por la copa de los árboles, descubrir una escalera que gira y sube a un palacio gótico, el dátil que peligra en lo alto de la palmera, la corriente seca y caliente que golpea el cuerpo a la entrada del subte, el bloque de viviendas con los techos pintados de colores y vidrios corridos al aire, el olor a gofre, a chocolate, eso que estimula las ganas de encontrar y motiva la búsqueda de la fuente emisora, como un silbido de alerta agudo y molesto, una llamada lejana en la barceloneta; y pronunciar un “dios como huele”. El pitillo se acaba. Y las estaciones, antes de llegada, una puerta de acceso, ahora son salidas románticas de la ciudad para la intensa pesquisa que continúa mas allá, camino de Figueras, donde dicen que hay una torre con huevos.

Quisiera comprender eso que el resto comprende rápidamente, que me explicaran su significado, mientras maldigo el diccionario tan poco empapado en licor casero de café y tan mal ilustrado (tal vez Nicole en Londres). Sería mejor que no existieran, o que solamente fueran catálogos de consulta voluntaria para la comunicación, no algo estático. Así comprendería algo. Que la mesa dejara de ser mesa y flotara mas allá de la metáfora, alcanzara más allá del clavel; que un metro midiera unos milímetros de más, apenas eso, unos cuantos más de los permitidos al capricho mecánico de contracción y dilatación; que borde o límite no fueran líneas sino referencias, algo relativo y absurdo; y a mi me encanta lo absurdo, tanto como comer de la paellera. Pero entonces sí, surgiría la protesta, el reproche injusto y primitivo; el grupo que avanza fugaz no tendría referencias e iría a tientas por la ciudad como un topo que elude la luz, vagaría rabioso por lo abstracto sin consuelo en busca de algo absoluto y definitivo. Entonces la mesa sería de nuevo mesa; el clavel volvería a verse únicamente como un clavel; un metro mediría exactamente un metro y ese poquito más caprichoso no importa ya, lo abandonarían al recurso literario; y eso pertenece al lunático, al trashumante.

El pitillo se acaba, la colilla me estorba entre los dedos.

Comentarios

Imagen de at-a-glance

No he podido evitar que me

No he podido evitar que me viniera esta canción a la cabeza en cuanto he leído el título,
http://www.youtube.com/watch?v=VMDxq9HZxek
ésta y el olor de la ciudad cuando navegas en una barca del parque de la ciudadela y te agachas inevitablemente para pasar bajo el puente, o cuando bajas las ramblas o en algunos otros puntos...
muy interesante, como siempre, leerte.

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