Recordaba Diciembre
Recordaba Diciembre con la precisión de un artista que termina su obra, corrigiendo cada trazo. Y lo hacía a la perfección, sin dejar escapar ningún detalle de aquel mes de verano. ¿Por qué esa actitud masoquista de recordar lo doloroso?
Desde entonces contaba cada día que transcurría. Y les eran totalmente ajenos. Pasaban a su lado como lo hace un tren. Él era de ellos que esperan la llegada de algo o alguien al borde del andén. Lo veía pasar, pero no era capas de subirse.
Doscientos cincuenta y ocho trenes habían transcurrido desde aquel caluroso verano, en el que el amor fue igual de efímero que el clima cálido. Cuando se quiso dar cuenta, el invierno había saludado nuevamente trayendo consigo a Frío y Soledad, la inseparable pareja que había invadido su apartamento, convirtiéndolo en un lugar casi sombrío.
El día en que la ciudad se teñía de risas y alegrías, miró a su alrededor y notó las paredes grises, sin vida, acompañadas por las persianas llenas de polvo que habían permanecido cerradas desde quién sabe cuándo. Luego se miró a él, desaliñado, vestido de manera descuidada, con una barba que había crecido más de lo imaginado. "Necesitamos un cambio" concluyó, hablándoles a esas paredes descoloridas por el tiempo.
Y se percató de ello el día en que la plaza se llenaba de niños jugando y sus madres aprovechaban a tomar un descanso de la rutina. Ese día, estaba por llegar a la biblioteca, pero decidió doblar a la izquierda una cuadra antes y enfrentar al destino.
Cien metros de distancia no es mucho, pero sí cuentan cuando esos metros son los que cambian tu vida.
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