Nací mala
No se cuando empecé a serlo, no lo recuerdo. Supongo que ya desde empezar a ser. Supongo que será congénito.
Me llamo Melia, sin A por favor. A mi madre se le ocurrió ese espantoso nombre en el momento en que le explicó el médico de cabecera el significado de diabetes mellitus. Mellitus, de miel, -como tus ojos pequeña… Siempre me ha dicho. Durante mi infancia fue costumbre preguntarme si podía untar sus galletas en ellos. Tengo que confesar que no caí en por qué lo decía hasta ya pasados unos años, me imaginaba algo así como un rito macabro.
Me acuerdo que con tres años, cuando iba a la guardería la maestra ya se olía algo. Tenía gran afinidad por el tipo de juegos que implica herir físicamente a alguna cándida persona. Era una niña que pasaba desapercibida, y mi táctica para recoger chinchetas era infalible. Me quedaba apoyada, o rondando por el corcho en el que había clavadas un montón de vistosas chinchetas de colores (curioso tratándose de un parvulario) y me las iba metiendo disimuladamente en los bolsillos. Cuando era la hora del recreo, dejábamos de jugar obligatoriamente para jugar por voluntad propia. Mis compañeros corrían de forma despavorida hacia una piscina de bolas, en la cual yo me divertía también, esparciendo las chinchetas coleccionadas con tanta laboriosidad por el suelo. Me quedaba apartada, observando, no tardaban en caer. Me producía una especie de risilla interna ver las muecas de dolor y saber que se las había causado yo. Me complacía ver los redondeles de sangre que se expandían en los calcetines blancos de algodón. Los lloros eran música para mis oídos. Jamás lo entenderéis.
- blog de melia
- Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios













Comentarios
Coicido brutalmente con los
Coicido brutalmente con los comentarios anteriores
Genial comienzo!
Genial comienzo!
Joder, qué bueno!
Joder, qué bueno!