La caja de pandora

18 Apr
Etiquetas Relato Corto

Los destellos rojizos del pelo de Dakota se podían ver por toda la habitación. La cafetera chirriaba advirtiendo que el café ya estaba listo, pero ella seguía bailando al ritmo de aquel blues que sonaba por la pequeña y destartalada radio. Era el único recuerdo que tenía de su abuelo y, aunque no se escuchara muy bien, a ella le encantaba. Se movía ligera y despampanante como si no existiera nadie más. Solo ella y aquella melodía desafinada.
 Sus pies bailaban al ritmo de la música, coordinando bien cada paso y movimiento que hacía. Se sentía tan libre como un pájaro de noche en cielo abierto. Podía sentir hasta la suave brisa marina rozar sus alas.
 Dakota Bluse siempre daba imagen de chica dura. Solía llevar pantalones ceñidos y chupa de cuero. Hasta los cigarrillos que fumaba eran fuertes. Winston con manchas de pintalabios rojo pasión; ese era su sello personal. Era de ideas clara. Aunque aún tenía un par de cuentas pendientes, siempre iba a por lo que quería. Sin vacilaciones ni rodeos.
Nada era demasiado importante para esta chica. Se despreocupaba  de cualquier problema y hacía caso omiso a lo que la gente rumoreaba. Se mantenía ojo avizor a los consejos pero en la práctica siempre acababa haciendo lo que le parecía. Pero aun con todo, no era perfecta. Tampoco lo intentaba.
Pero como un buen mago, tenía su truco. Una pequeña caja de cristal, la única capaz de romperle los esquemas y desmoronarla por completo. Un pequeño cubo que conservaba desde que tenía uso de razón. Era el refugio de sus sentimientos porque "escondidos entre aquellas paredes son más fáciles de controlar" pensaba Dakota. Por eso, por mucho peso que le cargaran a las espaldas ella podía resistir.
 No sabe en que momento, cansada del mundo y de sus frías palabras decidió esconderse tras el cristal acorazado. Pero la hizo inmune a aquella sociedad que apestaba. Gracias a ella conseguía olvidarse de todo lo malo y liberarse. Bailar al son de la música, volar libre reír hasta que le dolieran las costillas y disfrutar de las pequeñas cosas.
Y solo, cuando la caja estaba apunto de agrietarse, cuando no podía meter más dentro. Solo entonces, escondida en un rincón de su habitación la habría lentamente y dejaba fluir todo tipo de sentimientos.
Quizás penséis que así se engañaba a si misma. Que al final acabaría explotando y todo se desmoronaría. Pero así era Dakota Bluse, se comía al mundo antes de dejar que el mundo se la comiese 

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