La rosa de los vientos

09 Jul
Imagen de liittledreamer
Etiquetas amor, mar, verano2012, Relato Corto

I.OESTE
Las flores asoman por cada campo verde que el paisaje desea mostrarnos. El Mini Cooper de color rojo avanza por la carretera 36 del estado de Nueva Jersey. Margot asoma la cabeza por la ventanilla bajada, el viento azota su melena castaña y el sol se hace notar en su moreno improvisado por la primavera que acaba de llegar. Sonríe y canta la música de la radio con entusiasmo:
“You can’t always get what you want… but if you try sometimes, you’ll get what you need”.
Margot desvía la mirada hacia la guantera, todavía conserva aquella carta. Quiere huír de esos sentimientos que la hacen llorar, huír del invierno frío que congela sus venas, pero el problema es que es un ciclo, sales del invierno para entrar en la primavera, un aperitivo para el verano, el cual va perdiendo intensidad para regresar una vez más, al otoño y después, al invierno. Al dolor.

II.SUR
Aparca el coche a apenas cinco metros de la arena. Hace viento, pero la brisa se agradece a causa del calor. Observa el mar, grande, profundo, precioso. El agua cristalina rozando sus dedos de los pies le producen una placentera sensación de libertad, de confianza.
La playa es grande, la bahía se extiende por lo menos a lo largo de tres kilómetros. Decide caminar, saborear esa tierra que acaba de descubrir.
Cometas en los cielos, castillos de arena, algún que otro surfista que le echa el ojo. Olas. Olas gigantes e imponentes.
-¿Tienes tabla?- Le pregunta un chico al ver que Margot se había quedado absorta contemplando la belleza del lugar.-Venga, anímate, te dejaré una.
-Está bien… será divertido. Gracias…-No sabía su nombre.
-Tom, encantado.
Diez minutos después Margot se encuentra sumida en el agua, que resulta ser de una temperatura templada, muy agradable para el cuerpo. Nada y se intenta montar en la tabla, aún es una principiante, pero nota como la felicidad invade su cuerpo cada vez que cae de la madera.
-Mira, ahí viene una buena, cojamos esa ola.- Le propone Tom.
Margot asiente y confiada se dirige a ella. Qué rápido acabaría el verano ese año.
 
III.ESTE
La ola parece lejana y minúscula, Margot es consciente de que conforme se acerque su tamaño aumentará. Pero ella se siente segura, “yo estaré aquí por si te caes, tu confía en el mar”, le había dicho Tom para que esta se sintiese segura y ella, ingenua, había creído en sus palabras, pero nunca, nunca podías confiar en el mar. Era un lugar maravilloso y lleno de vida, pero también de ira y tempestad.
El momento llegó y Margot, con todo el valor que llevaba dentro, quiso enfrentarse a Neptuno, desafiar sus aguas y salir airosa. Pero Margot nunca había tenido suerte, y este no era el momento para cambiar la cara de la moneda. Las monedas se hunden en el fondo del mar, no flotan. Margot era una moneda.
Las aguas golpearon con fuerza su cuerpo, su tabla, su vida. Sumergida, Margot observaba el azul intenso y las burbujas que subían hacia la superficie. Era un viaje sin retorno, sin vuelta, y Margot lo sabía bien. Notó como poco a poco el aire le faltaba y el corazón desaceleraba su latido. Pero ella era feliz, había olvidado y dejado atrás todos los problemas, había dejado atrás esa carta causante de su soledad, de su locura, de su fin.
 
IV.NORTE
Todas las cosas tenían un motivo, un sentido y una razón. La muerte de Margot no iba a ser menos.
La carta seguía en la guantera de su Mini Cooper Rojo, la radio seguía sonando, pero esta vez no había quien cantase la letra, toda la esencia se había esfumado. El cielo se había encapotado y un viento fuerte acababa de hacer presencia, un viento del norte.
Querida Margot, me duele escribirte en estas circunstancias, me duele que no hayas podido ser la primera en enterarte de la noticia y que peor aún, no pudieras estar aquí.
Las arenas del desierto no perdonan, y las balas entre la niebla son poco, o demasiado, justicieras. Quiero decirte que no sufrió, que todo pasó rápido, pero lo cierto es que su lucha entre la muerte y la vida estuvo marcada por susurros. Él susurraba tu nombre, Margot. Me dijo, cuídala, no dejes que sufra por mí, yo he sido un capítulo de su vida, un simple episodio que ha llegado a su fin. Han siempre ha sido muy poético, todos lo sabemos. Y el te quería, Margot, te quiso hasta el fin de sus días.
Con cariño, Jerry.
Margot no soportó una vida sin él. Para ella, fue como si estuvieras empezando un libro y alguien te destripase el final, sólo que en este caso, el final se había llevado a dos personas, y por triste que parezca, ahora ambas descansan en paz, abrazadas y sumidas en un agradable sueño de manos de Morfeo.

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