Vida y comportamiento de los estetoscopios
La vida útil de un estetoscopio puede ser de más o menos diez o quince años dependiendo el trato adecuado que le dé quien esté a cargo del mismo; por otro lado, la vida inútil, también depende de la persona que se proclame su dueño y consta en el tiempo que es capaz de estar reposando en algún viejo cajón acumulando tierra sin que nadie se acuerde de él.
Los estetoscopios adultos llegan a medir treinta centímetros, se pasan toda su vida en contacto con torsos de seres humanos pero se mantienen al margen de su belleza o su fealdad. Pueden llegar a auscultar perféctamente todo lo que pasa dentro de los cuerpos de las personas pero no pueden auscultarse a ellos mismos. Al tener el sentido del oído muy desarrollado, se piensa que serían unos excelentes músicos pero como ellos mismos han declarado en más de una ocasión, les interesa más la ciencia.
Pero antes de una vida adulta siempre hay etapa de niñez que la precede y la predispone, en el caso de estos singulares objetos simplemente no existe, puesto que los fabricantes de los mismos por alguna extraña pero entendible razón los privan de esta posibilidad y los entregan a sus destinatarios ya complétamente desarrollados y listos para uso.
Al margen de ser delgados y sumamente fríos, tienen una gran virtud que es la de escuchar y no hablar jamás, pueden mantenerse escuchando por horas y horas sin generar ningún tipo de respuestas. Profesionalmente solo se limitan a escuchar cuando entran en contacto con el cuerpo del paciente y este es capaz de generar algún sonido como ser una cadencia prolongada de alguna vocal o respirar muy profúndamente, haciendo de cada inspiración y exhalación una exageración insospechable. En el mundo del cine también han tenido lugar y solo escuchan cuando el sujeto a examinar dice treinta y tres, pero esto es solo en el mundo del celuloide.
Se cuenta que también han sido utilizados por espías, con el fin de hacer caer gobiernos, o descubrir secretos que por su calidad de secretos no debían ser contados. En esta práctica fueron participe de los bandos políticamente correctos y de los incorrectos; pero una encíclica reivindicativa y anónima, escrita en latín y aparecida a mediados de los años ochenta del siglo pasado los exoneraba de toda culpa y los proclamaba como elementos que solo tienen el fin de auscultación, después el uso que cada dueño quiera darle al suyo corre por riesgo y cuenta de dicha persona.
Más allá de todo complejo o prejuicio que se tenga sobre ellos han sido de gran ayuda para la medicina y lo seguirán siendo, y hoy lejos de su extinción seguramente sigan escuchando recaudando información que a nuestros oídos todavía es inaudible.
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