Los minutos a solas
Los minutos sin verse, las horas de soledad, las noches interminables. Los días que no terminan, las semanas que no progresan. El tiempo que avanza, siempre incansable, mientras las medidas de tiempo cada vez aumentan su contenido en segundos perdidos, sin cercanía, sin contacto, con el alejamiento avanzando, abriéndose paso. Invencible, imparable. Sin que, ninguno de los dos, aparentemente, se moleste en hacer algo para cambiar eso. Sin procurar una barrera de protección, de atención recíproca, de llamadas y mensajes diarios.
Los sistemas de seguridad se caen, sin que ellos u otro factor ajeno se interponga e impida lo inevitable. Las piezas se separan, se alejan y distancian. Igual que ellos. El sentimiento continúa intacto; la necesidad, siempre insaciable; los sentidos sobrepasan sus límites ante la separación; la sed de contacto abre fuego en la piel; el hambre de fricción, de esa combustión que se inicia desde el primer toque, se vuelve una exigencia que no pueda acallar ni alejando los sentimientos, pensamientos y emociones. Ni convirtiéndose en un cubito de hielo, frío, inerte y de mármol, caliza, puede rehuir a los sentimientos impulsados por sus instintos más primarios y básicos; pero que, a la vez, son tan profundos como un poema de amor, cosidos, verso a verso, a su piel.
A veces, se plantea que, ni aunque se arrancase el corazón, dejaría de quererle.
- blog de kroatoan9
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