Cuando la coherencia se transformó en incoherencia.
Dulce suspiro de vida, como el último aliento de la propia muerte, como si no fuera a salir nunca más la luna, como si explotase el sol. Dormir en tu regazo, soñar por soñar, llorar por llorar, juntando las manos, sintiendo el roce de tu piel fría. Un estremecimiento bajando por la espina dorsal, como un dedo dibujando espirales por tus hombros. La lluvia calándonos, hasta confundirse con las lágrimas, hasta quitarnos el aliento, hasta llevarse todo lo malo. Sentir tus brazos en mi espalda, dándome la seguridad que nunca nadie me dio, sujetándome muy fuerte para no dejarme caer. Tus labios formando una sonrisa, tan blanca como un rayo de luz, tan necesaria como el propio oxígeno. Tu tacto se va, desaparece, como la niebla, como un sueño. No te desvanezcas, vuelve, arrópame con tu calor. Moriré con el frío de tu ausencia, como un cadáver en vida, como un nada en nada. Mis lágrimas se irán contigo, igual que mi corazón, solo quedará en mí el dolor lejano de tu falta, de tu adiós.
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