Pormenores de una contienda
"No existo". Me confesó el amor una noche mientras jugábamos al ajedrez. Competíamos por la posesión de un alma, que por supuesto no era la mía. El Diablo, ese fiel amigo de las situaciones difíciles, me aconsejaba sobre los movimientos. Y ante la inminente derrota, el enfurecido contrincante nos entregó la desgastada prenda, que al no estar más sobre el tablero de juego había perdido muy buena parte de su atractivo. La devolví. Y aquel amor anulado tomó con rencor su alma hecha jirones mientras mi amigo astado y yo nos fuimos a buscar a un oponente más serio. O al menos un alma que tuviera mayor resistencia al desgaste.
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