Negligé Negro
Cuando la vi salir con aquel negligé negro, no pude hacer más que arrodillarme y abrazarme a sus largas, delgadas y blancas piernas, sin otro argumento que el de mis lágrimas para justificarme. Debo haber permanecido así unos diez minutos, llorando y gimiendo a todo lo que podían mis pulmones. Ella, mientras tanto, bajó poco a poco hasta quedar frente a mí, quizá tocada en alguna desconocida fibra sensible. Le pedí perdón, un hábito en mí casi fetichista. Supongo que ella no sabía que decir, pues sólo atinó a tomarme entre sus brazos como a un chiquillo y tratar de tranquilizarme. Quien lo viera, un tipo de más de cuarenta que se pone a chillar. Estuve a punto de arrojarla lejos de mí, pero no puedo negar que ella estaba haciendo muy bien su papel, incluso derramó algunas lágrimas, antes de aceptar mi rendición incondicional, besar mi frente y volver al baño con su semblante frío de costumbre. No dije nada más. La dejé caminar al baño para que pudiera cambiarse. Entonces me encendí un cigarro, vi mi reloj y comencé a hacer las cuentas. Cuando salió del baño la acompañé hasta la calle y le pasé un par de billetes más por prestarse a mis excentricidades sentimentales. Respondió que no había problema. Otros clientes le habían pedido antes cosas mucho más raras.
- blog de GatoPardo
- Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios













Comentarios
me ha gustado si
me ha gustado si señor......
le pedí perdón, un hábito en mí casi fetichista, esto me resulto super poetico....
MUY BUENO!
MUY BUENO!