En ese instante, solo quieres desaparecer.
En ese vacío estás tú.
En el vacío de las personas que no se comprenden a sí mismas. De las que buscan y buscan algo alegre, pero que a la vez el pasado les hace daño. Algún reproche, algún día malo vuelve siempre y te reconcome la existencia. El mundo poco a poco deja de existir para ti y solo te centras en tus penas, en los días que lloraste hasta que empapaste la almohada.
Parece difícil entregarse al pasado, pero para las personas como tú es tan fácil, que casi podrías volver a diario. Y te reprochas el estar haciendo eso, porque sabes que va a doler, que se va a incrustar en ti y que volverás a caer en el mismo agujero.
No sabes cómo evitarlo, cómo decirle al pasado que no vuelva, que no está invitado a vivir contigo y que solo de él quieres las cosas buenas. Las tardes con amigas, el día en el que apareció él, o las cosas que han sido especiales.
Parece que de tu piel salga veneno, no te sientes a gusto contigo misma, te desconoces, quieres acostarte, mirar al techo y pensar en por qué ha sido de esa manera esta vez. Por qué llegó el invierno de repente a tus ojos, por qué vuelves hacia atrás en los momentos menos apropiados, por qué siempre te da por recordar cosas malas, en vez de ser consciente de las cosas buenas que te han pasado en toda tu vida.
Te sientes asustada y te vuelves pequeña. Te crees la más pequeña e insignificante del mundo entero. Piensas que las personas que más quieres no te merecen y te sientes estúpida.
Hasta que las lágrimas salen, salen, salen, y te das cuenta de que otra vez, la lluvia ha arrasado con tus ojos. Y en ese instante... Solo quieres desaparecer.
- blog de Blanca Ferrer
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