Lobos hambrientos
Alicia nunca volvió a casa. Es un trozo censurado del cuento. Se suprimió. Hoy os lo escribo.
Alicia nunca volvió a casa, ni ella, ni su melena, ni su vestido azul. Algunas historias dicen que fue el té, otras los pastelitos, otras dicen que fue la mirada hipnotizante de algún gato lila, otros llegan a decir que la reina de corazones la maldijo. Yo me quedo con la última. Una maldición que se convirtió en un pedazo de libertad. Alicia no quería convencionalismos, no quería formar parte de su vida. Y mientras sentía en su interior un fuerza asombrosa, la metamorfosis seguía su curso. Quiso gritar, pero aullo. Sintió la necesidad de poner sus manos en el suelo. De correr. De notar el aire en su pelo. De encontrar un sitio alto, alguna colina, para cantar a la luna.
Alicia nunca volvió a casa. Se quedo atrapada en el país de las maravillas, su nueva utopía. Convertida en la primera mujer lobo, la primera que miraba la luna con ojos brillantes.
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